sábado, 1 de noviembre de 2008

Esteparia en problemas



Hoy fui con unos amigos a leernos las cartas. Yo no creo en esas cosas pero la bruja me dijo que tengo la carta del "alejamiento". Esto resultó ser un tanto providencial para mi pues estos días había estado pensando que es mejor no querer a querer mal, y a pesar que a veces la soledad está tan sola y eso parece excusa suficiente para jugar nuevamente el inefable jueguito del amor, es mejor detenerse a reflexionar en un viejo pero no por ello menos cierto dicho : mejor estar solo que mal acompañado.


En mi caso el dicho cambiaría a : mejor solo absoluto, que acompañado a medias, pero sea como fuera, la brujita le acertó, al menos con ese tema.


De otro lado, la reflexión me llevó a concluir que en lo recóndito de mi busco preparar la cama para dos de todas maneras, aunque en principio me niegue rotundamente a toda pretensión de compromiso dado mi rechazo temporal a todo lo que signifique "de a dos" . Creo que al cabo no soy tan esteparia como me creo.


Confesión total de sábado. Soy una esteparia con complejo de fiel collie. Guau!

lunes, 13 de octubre de 2008

la muerte del noviazgo y el nacimiento de los salientes



Los break ups jamás son bonitos, la terminada es una danza triste llena de silencios, lágrimas, portazos, y luego soledad y depresión (4 paredes, muchos chocolates, bastante Sabina, Radiohead, Vallejo y mucho recordar, ¿suena conocido?).
Para terminar hay miles de fórmulas, una más decadente que la otra: “ya no siento lo mismo” (osea, no te amo), “somos muy diferentes” (osea no te soporto),” me voy a ir de viaje” (y jamás te vas), voy a dedicarme 100% a mis estudios (me gusta una flaca de la u), o el corriente “necesito un tiempo” (fórmula última para que las horas pasen ad infinitum y lo disuelvan todo). No olvidar los infaltables añadidos de ley “no es por ti, soy yo el fallado” o el “te juro que siempre voy a estar enamorado de ti”. O sea, todo un teatro con parlamento y mímicas aprendidas especialmente para la escena final. Y es que terminar no es cosa ligera ni fácil, y mucho menos intrascendente, más bien todo lo contrario el break up es un verdadero momento bisagra en la historia personal de cada uno de nosotros y se merece la importancia debida.
Es todo un evento en el que invertimos valiosas horas pensando como hacerlo, y antes de ello si hacerlo o no , y cuándo, donde, a que hora, porque, en fin, no solo invertimos tiempo, sino checo y corazón; y a veces hay pérdidas materiales (la colección de discos y pelas que se compraron juntos), y otras veces las pérdidas son personales (“no quiero verte nunca mas”), y siempre queda una sensación de pérdida, pues incluso cuando la voluntad d separarse sea mutua, jamás queda la sensación de victoria por el fracaso de la empresa emprendida .
Terminar es redifícil, mucha gente huírle al break up cual lepra. Cualquier encuesta con tu grupo de amigos comprobará que el break up es de las experiencias más traumáticas de la vida, todo el mundo preferiría no tener que cortar (ni ser cortado), y por ello existen ocasionalmente los cobardes que aplican el régimen de resistencia (tratan mal hasta que te cansas y cortas), pero para los demás seres el enfrentar una terminada es algo sin lo cual nuestra vida sería enormemente más feliz, y en busca de dicho quimérico bienestar muchos hemos optado por no terminar. Es aquí donde encontramos la muerte del noviazgo y el nacimiento de los salientes.
Los salientes son una estirpe cuyas maneras de enfrentar las relaciones interpersonales han cambiado sustancialmente a fin de no enamorarse. Ser un saliente es sumamente fácil por ser un modelo para pasarla ocasionalmente lindo, compartir música y libros, flirteos ricos, retozos necesarios y todo el paquete sin precio alguno (sin soplarte llantos, sin acompañar a mudanzas, al médico o a la ceremonia de graduación). Un saliente es alguien a quien casualmente invitarás a tu casa paterna, pero muy raramente a conocer a tus papás, una persona por la cual no sientes mariposas en la barriga, pero con quien te llevas rebien y con la que la risa fluye.
En síntesis, lo que flota de los salientes es el sentido de practicidad, su triunfo por sobre el noviazgo es la innecesariedad de terminar, la legitimidad de no entregar, la procedencia del no sentir, y el freno a amar. La fórmula perfecta para pasarla súper sin correr el riesgo de que todo se complique y termine en un enamoramiento y luego doloroso break up.
Salir con alguien es plantear el final desde el primer día, y dejar de salir es poner tu disco favorito de los rolling y e irte con tus patas de juerga, o sea, no paso nada. Las cosas como son, si no se quiere estar con alguien es mejor ser un saliente, un win to win perfecto, una apuesta a ganador.
Pero sumo cuidado, el sistema de salientes es sólo para aquéllos que saben cabalmente que plantear una relación de salientes, es plantear al mismo tiempo el comienzo del final, por eso para los enamoradizos de antaño recomiendo evitar jugar con fuego, no vaya a suceder que mientras ocurra suceda que uno quede locamente enamorado. Y ahí sí la canción más criolla que escuchaste, pero sin llegar a ello, ¡a salir se ha dicho!





viernes, 26 de septiembre de 2008

DESHOJANDO MARGARITAS




Cómo saber si te está afanando o es sólo un inocuo amigo

Cuando se trata de amor las señales no siempre son bien entendidas, entre sutilezas y señales de humo, a veces una chica tiene que saber cuándo un chico está diciendo: me gustas (con mayúsculas) o simplemente está siendo un buen compañero de clase, ante la duda será mejor tener en cuenta las siguientes recomendaciones:

Un chico no te está afanando cuando te dice que tienes pestañas re lindas y luego te pregunta si te las rizas
Un chico no te está afanando si te dice que eres “linda”, pero de inmediato completa “pero rara”
Un chico no te está afanando cuando saca su barra te halls y no te invita
Un chico no te está afanando cuando es la tercera vez que lo ves y no te ha pedido el fono (la primera pensaste que si te lo pedía se lo darías, la segunda esperabas ansiosa que te lo pidiera y la tercera (la vencida) sabes que si no te lo pide hoy no te lo pedirá nunca),
Cuando te saca a bailar pero no te habla
Cuando te ha pedido tu correo y no te agrega el msn
Cuando hay sitio junto a ti y se pasó de largo
Cuando vas esmeradamente linda, pero no te da ni el aliento de un cumplido
Cuando le dices que se ve muy bien en camisita, pero a la siguiente clase lo ves con ropa de buzo

Tal vez esté un poco vieja para estas reflexiones adolescentes, pero para una chica como yo que no suele complicarse con este tema (porque tomo siempre la iniciativa sin pensarlo mucho), este es un ejercicio que demanda poner en marcha una maquinaria oxidada por desuso. Después de todo creo que este chico sólo quiere ser mi “amix” (como reza el neolecto de la chiquillada), pero estuvo bueno como para reflexionar sobre las señales y antiseñales de amor… finalmente creo que me quedo con el antiguo “método directo”. Aquél que ahorra reflexiones como estas, donde escasea el jueguito de la seducción, la ilusión y el afane que ultimadamente me estaba interesando como a los 15. Al parecer no me está afanando, ¿qué dicen ustedes?

sábado, 20 de septiembre de 2008


MI NOVIA LIMA, Y SU PRIMO LEJANO PERÚ

A pesar que en nuestra constitución se diga que somos una república descentralizada, todos sabemos que de eso no hay nada, y de centralizado lo hay todo.
Si quieres exportar cantidades gigantes tienes que ir a Lima, si quieres ir a las mejores universidades del país tienes que ir a Lima, si quieres hacer una empresa de tecnología, primero tienes que ir a Lima, igual si quieres hacer una empresa de textiles (en gamarra está todo), si quieres ser modelo, actriz, periodista de un canal visto por más de un millón de habitantes tienes que ir a lima, si quieres ser reportero del comercio tienes que ir a lima, y hasta para conservar la vida tienes que ir a lima, porque sólo en lima encuentras alta tecnología para diagnósticos médicos que pueden salvarte la vida, osea Lima es una cosa literalmente existencial.

Más de una vez he escuchado a un limeño confundir “Lima” con “Perú” y me pregunto si es sólo una confusión patronímica o es una configuración cerebral que traen con el nacimiento: por increíble que parezca (y ridículo que sea), para muchos Lima es el Perú. Por supuesto no formalmente, pues todos saben que lima tiene 33 000 killómetros y Perú más de 1 millón (y que el primero se encuentra dentro del segundo), pero de alguna manera no se ha digerido esta información, y es repetida automáticamente cual acción parasimpática.

Pero no señores Lima no es Perú, tal vez sí sea un reflejo a pequeña escala de la nación peruana; y es que así como Perú puede ser al mismo tiempo lindo y feo, disímil y extremo, contaminado y límpido, y hay zonas donde la gente es educadísima y otras zonas re hamposas de donde uno fácilmente no saldría con vida, Lima es exactamente igual. Ha congregado una muestra representativa de cada región nacional: migrantes motivados por la prosperidad que lima ofrece. Pero por muy moderna, prometedora, autosuficiente, y entretenida que pueda ser la limón, más de un limeño me ha confesado que detesta esta ciudad, y no le faltan motivos: tiene un clima horrendo, un cielo gris rata, distancias imposibles, las mayores desigualdades sociales del país, y, lo más odioso (para mi), tiene muchos descerebraditos que no pueden ver más allá de su nariz y sus intereses.

Creo que ningún limeño entiende a la pobre Lima. Por eso mi novia temporal está confundida, usada, acongojada, maltrecha, encandilada, nunca aburrida pero siempre apagada, y es una Lima que camina casi a tientas, que no sabe en verdad a dónde va, que no tiene claro su origen, pero que carga cadenas de ese génesis que aún no entiende; y lo triste es que va sola, como si por único familiar tuviera un primo lejano que se llama Perú, al que no llama porque lo ha perdido y es probable que algún se anime a buscarlo en el buscapersonas de RPP, pero aquí no entienden eso, y la pregunta es: ¿lo encontrará?,¿ mientras tanto qué hacemos, limeños?






martes, 9 de septiembre de 2008

SEXY Y MALO



Mientras una chica como yo, diligentemente ve sus noticias, lee sus diarios, revisa las páginas web de The Economist, CNN, busca la sección internacional, y en esta chequea el conflicto Ruso Georgiano, y va reconfirmando la desaprobación moral que le merecen personajes de la política internacional (llámese Yeltsin), puede llegar a ser víctima del acaecimiento de eventos insospechados: a una, sin quererlo, puede terminarle gustando Vladimir Putin. Delgado pero macizo, desteñido y sin mucho pelo, con una cara de poto que ni el cosquilleo de una pluma podría arrancarle, Putin con esa faz de pergamino arrugado cual monarca del medioevo, un tipo sin mayor gracia, más parecido a Felipillo que otra cosa, puede resultar misteriosamente sexy.

Ustedes no lo creerán, pero esa cara de poto (no infrecuente en el Kremlin), es la misma que ha ocasionado recónditas atracciones a lo largo y ancho de los continentes más ricachones (si no miren los videos en el youtube que lo proclaman sexy). Pero eso no es todo, esta mañana hice un research y miren los resultados: a los ojos de las niponas Putin es el quinto político más “good looking”, y ante las rusas es el segundo (sólo luego del opositor Boris Nemtsov), y todo este googleo sólo para no sentirme sola en mi freaky gusto por uno de los gubernativos más populochos del conflicto bélico en el cáucaso.

Putin, con esa típica cara de cuadro antiguo, ha logrado meterse en la zona rosa de mi 99% racional masa gris. De eso me percaté cuando me preguntaron qué político me parecía churro, y yo, casi sin pensarlo respondí: Putin; hasta ahí la sorpresa. Pero lo que sí me dejó avergonzada fue el muy reinadebelleza pensamiento de que fue muy valiente y hábil al salvar a un equipo periodístico del ataque de un tigre siberiano allá en un parque nacional en la siberia la semana pasada, un poco más y suspiraba: ¡Ay, Vladimir!. Pero luego la razón vuelve a mi (cual alma regresa al cuerpo clínicamente muerto por unos segundos), retoma mi conciencia, acorrea mis hormonas y entonces recuerdo que no es más que un estratega, autócrata ruso, realista de hierro sin sentimientos, y tras constatar esa actitud tirana digna de detestar, no puedo dejar de mantener en pie mi gusto, tal vez porque como el no pacifista nobel de la paz Kissinger dijo: "El poder es el afrodisíaco más fuerte." Y vaya que Putin es un tipo poderoso,sexy y malo. ¿qué opinas tu?






sábado, 6 de septiembre de 2008

Atracción amical


o de cuando tu amigo te provoca cual heladito de Laritza...
¿y a quién no le ha pasado que le guste su mejor amigo?. Yo confieso que a mí sí; me regustó mi mejor amigo Martín. Les contaré. Cuando conocí a Martín, él me subestimó horripilantemente, recuerdo que –no sé con qué motivo o qué- yo hablaba floridamente sobre música clásica, y al otro no se le ocurrió peor idea que preguntarme por Mendelsson y Schoenberg (oh! iluso, quería dejarme en la calle y en vergüenza frente al grupo, pero fue todo lo contrario), y desde la fecha, somos amigos.
De alguna manera, al derretir en el acto sus ánimos de sabelotodo pretencioso, no sólo logré que se convirtiera en un dócil gatito, sino que además, un gatito recontra impresionado. He aquí una buena forma de hacerte amigo de alguien, y además, de ser admirado. Con el tiempo, yo me supe todo el rollo con su novia de toda la vida (un drama de cortar y volver cada semana), sus problemas, sus virtudes, sus más íntimas y aborrecibles patologías conductuales, y él se enteró de mis encuentros furtivos con Morfeos de carne y hueso, de mis sueños, de mis escritos im-pu.bli-ca-bles (inacrocchable, diría Gertrude Stein), y todo lo que un popularmente calificado “mejor amigo”, puede saber de una. Tras corto tiempo éramos absolutamente inseparables, pero jamás lo vi ni por asomo como objeto de mis quinceañeros suspiros o el protagonista de mis “fairy tale dreams”. Y como decía… ¿a quién no puede pasarle que de pronto un día…fuuuashh te provoque tu mejor amigo?.
El punto de quiebre fue en la piscina. Imagen: día de verano en la casa de Jess, piscina y parrillita a cargo de Pachi. Yo yacía regiamente apostada en un sillón para tomar el sol, con sombrero de mimbre y cuzqueña al polo, cuando de pronto Martín –de inimaginables proporciones anatómicas- se despoja de las vestiduras cotidianas para lucir repito, inimaginables proporciones anatómicas, en la piscina. Osea, no es que yo no haya sabido que Martín era loquito Gym, y tampoco me había pasado desapercibido que era simpaticón el muchacho, pero jamás pensé que "Tín" (como le decía yo), haría caer mi mandíbula de tan descarada manera.
Ya decía sabiamente Benedetti[1]"…estás solo, estoy sola, por algo somos prójimos (y amigos!), la soledad también puede ser una llama". Era verdad, en ese momento Tín y yo éramos libres y sin compromiso, pero en principio –y final- solo amigos. Y mientras Tín me contaba de su gusto por tal o cual chica, yo, cual mejor amiga, procedía a entablar amistad con las convocadas para luego hacer el respectivo y nunca demodé pase (que pava!).
De pronto, me encontré comiéndome la bola de lodo sola; mientras más me atraía Tín, más le hacía el pase con otra, y mientras más sentimientos encontrados tenía, más debía reprimirlos para no quedar mal con él.
¿Qué hacer?. En este punto de la historia todo podía terminar sencillamente jodido o exitosamente concretado. En efecto, una amiga enamorada de su amigo, puede optar por jamás perder la amistad y pasar por el escusado los más profundos deseos no manifiestos, o hacerlos manifiestos y librar ardorosas -y placenteras- batallas, o quedar choteada, no recibir batalla alguna, y encima perder la amistad (por lógica reacción de alejamiento del mejor amigo).
Todo este enredo es too much para mi, en realidad soy una muchacha más bien sencilla y sincera, demasiado honesta para mantener en la garganta un trampantojo de hormonas electrizadas y no contárselo a su mejor amigo.
Un buen día, después de sostener tal situación de húmedas intenciones tras un cariño real de amistad decidí decírselo todo, y debo confesar que fue un alivio tremendo.
No solamente escupí el nulo que tenía en la garganta, sino que otros nudos e impaciencias fueron igualmente desatados, atados, recompuestos, aplastados y finalmente agotados. Cuando una tiene 23 años y mi forma de pensar (que mi madre llamaría “muy moderna”), no hay mejor terapia para la impaciencia que la de amar, tras lo cual si tu mejor amigo también tiene 23 y tu forma de pensar, la amistad se reanudará y todo volverá a la normalidad. Y así, colorín colorado, felizmente la atracción amical se ha terminado.

[1] Mayores referencias googlear “Canje” de Bendetti.



jueves, 4 de septiembre de 2008

La Insurrección del Vello

Sucede que muchas mujeres en su afán de despojarse de los naturales pelajes de brazo, piernas, axila, y hasta de ombligo, dedos, y bigote, recurren a caríiisimos e inutilísimos métodos que el mercado felizmente ofrece.
Ahí donde a muchas nos enorgullece las cejas tupidas y las pestañas largas propias de nuestra velluda anatomía, envidiamos la suertuda lampiñez de las extremidades de selváticas, chinas y negras. Y es que no sé en qué momento se definió ya sin aparente marcha atrás, que la mujer contrariando todo orden natural, no debe tener pelos más que en la cabeza.
Si a algún poeta soñador se le ocurrió idealizar a la mujer como unívocamente nívea, suave y lozana, se equivocó, porque si bien existen tales perfecciones en algunas zonas corporales limpias de vello y paja, no todos los rincones de nuestra anatomía cuentan con tales desérticas características.
Jamás hay que menospreciar la importancia del tema pues forma parte de la nunca bien entendida problemática femenina. Sendas mujeres han sufrido con dicha pelusa: mi amiga Toti por ejemplo, guapa morocha de piel morena, tenía en los brazos vellos tan largos que solía ordenarlos con un peine de bolsillo y además desteñíselos para que tuvieran menos notoriedad con lo cual realmente sólo conseguía el efecto contrario puesto que sobre su piel morena los vellos parecían bañados con resaltador amarillo.
Otro es el caso de mi amiga Chachi, cuya hermana mayor adiestró desde los 15 en el arte del uso y abuso de la ardorosa cera para depilarse brazos, piernas, y hasta el no bien visto mostacho. Todo un procedimiento: calentar la cera en una ollita en la cocina, aplicártela hirviendo sobre la piel – es un ejercicio para valientes y masoquistas-, para finalmente y con un coraje suicida, arracar la cera que a su vez arranca los pelos (todo esto mientras lanzas un aullido de dolor). Y tanto bochinche para lucir lampiña. Pero tanto Chachi como Toti no sólo se sometieron a traumáticos procedimientos anti-vello, sino que además probaron toda la parafernalia no-más-vello que el mercado oferta: cremas y geles depilatorios, ceras frías, y sesiones de láser sin resultados efectivos; ¿qué velluda ilusionada no ha claudicado ante la mentira publicitaria de erradicar para siempre el vello en-sólo-diez-aplicaciones?, marcas como "Touch Me" hicieron popular dicha promesa a cambio de una conveniente valía.
Pero eso no es todo. Hace unos días en una pared llena de gratifis distinguí una pinta con femeninísimo aerosol fuxia: ¡nosotras no nos depilamos![1], era el lema urbano de las rebeldes velludas. Si es que es una organización yo quiero adherirme automáticamente a ella, pues me encantó la insurrección de la pelusa. Y no es que una no sea femenina o que quiera desafiar los cánones de belleza, es sencillamente buscar lo real: la mujer tiene pelos, y tiene todo el derecho de tenerlos. Yo defiendo esa decisión, y bogo por el reconocimiento de la mujer velluda como una realidad cotidiana y normal.
De hecho yo sí me depilo, especialmente en verano cuando voy a lucir shorts o faldas, pero ello no quita que odie hacerlo -los hombres con abundante barba me comprenderán-, y es que es un fastidio que la arrancada de pelos solo nos dure un día.
Tal es mi aburrimiento para depilarme que aprovecho la mínima oportunidad para no hacerlo (esto es cuando no tengo novio, cuando es invierno y cuando estoy depre), sin embargo últimamente depilarme o no, ya no depende exclusivamente de esos factores, muy por sobre mi rechazo a los métodos dolorosos a los que sendas masoquistas se someten, no cojo ni el epi lady porque no se me da la gana. Y cuando mi novio me apodó cariñosamente “pollito”, le respondí, “pollito con plumón”. Así son las cosas, las mujeres tenemos plumas, plumitas y plumones y a mucha honra, pues si bien socialmente los vellos no son populares, están presentes y claman reivindicarse. Si no pregúntenle a Madona, a Frida Khalo y hasta Julia Roberts. Voilá!
[1] En una pared del colegio Juana Larco de Dammert, a la altura de cda. 22 de Av. Benavides

miércoles, 3 de septiembre de 2008

El afane en los tiempos del clic

ritos de amor urbano

Una llega a tener 23 años y recordar cuando a los 15 los ritos afanadores eran distintos: los chicos buscaban llegar a una a través de la amiga y luego sacaban el fono y empezaban a afanar.
Viejos tiempos aquéllos en que el “afane” era la forma de entablar un acercamiento amoroso.
Cuando tenía 15, era común ir a la fiesta lo más linda posible, con el jean más camote y el top ponedor; un chico me chequeaba, buscaba al amigo de mi amiga, y por ahí venía el “pase”: Luis, te presento a mi amiga Natalia, Natalia, él es Luis. Y Luis empeñaba sus más diestros discursos para entablar la más entrete conversa de la noche; ningún silencio, pues son incómodos al empezar el afane. La conversa sólo se interrumpía por bailar “Alarma” o alguna zarandeada de Juan Luis Guerra. Aquél afane propio me invitaba un traguito, encendía mi cigarrito, y lógicamente me acompañaba a la casa paterna, donde -jamás intentaba un beso-, y el último paso era preguntar si me podía llamar por fono. Luis estaba bien y había sido un caballero: le daba el fono y entraba a la casa con chispitas alegres en los ojos.
Al día siguiente, o muy pronto recibía la esperaba llamada, y así sucesivamente todos los días de la semana y la siguiente, y la siguiente, y luego las salidas: un cafecito, un heladito. Las visitas a la casa, o simplemente a almorzar. Y ya estaba, tras unos meses, los oh! nuevos tórtolos estrenábamos besos y apapachos entre feliz estabilidad. Así era antes.
Hoy ya nadie recuerda lo que es “afanar”. Hoy es un gileo light, y consecuentemente un light clic o choque y fuga, como quiera llamársele.
Hoy basta mirar y desear para tener y luego desechar. Hoy, un grupo de suculentas féminas arriban a una fiesta en busca de igualmente suculentos varones; ambos al acecho de la presa que mejor satisfaga las necesidades y expectativas. Es todo más sencillo, ya no existe esa vetusta institución amorosa del “pase”, ni la complicación de la conversación entretenida. Caduca y sin vigencia han quedado las normas del “afane”. Hoy, se ha popularizado el “clic”. Y todo es más negocial: el producto se expone en la vitrina de una pista de baila, una barra en la disco; uno escoge, uno se acerca, uno invita, lanza el dardo que cazará a la presa y si ella acepta ya está: Hola, bailas?. Y mientras bailas, él dice: eres una chica muy linda. Y ella: Lo sé , tu tb estás bien. Y así empieza todo, y horas más tarde termina todo, hasta un próximo entierro, diría el chico.

Tal vez se trate de esas frías costumbres foráneas importadas con tantos otros productos de arancel cero, tal vez sea que la gente a los 23 ya no es tan inocente y tan ilusa como la gente de 15, tal vez, sencillamente yo tengo pésima suerte, y los últimos 4 años de mi vida han sido una racha de mala suerte.
No sé si seré la única, pero debo confesar, que a mi hace rato que nadie me afana. Y, llámenme anticuada, pero lo extraño. Extraño al chico que me llame siempre, que me escriba a mi correo, extraño las cartas y los esfuerzos. Extraño el gileo de antes, el verdadero afane, el afane quinceañero que he perdido. A veces pienso que tengo un karma aleja afanes, una especie de vape aullenta chicos. Tanto así, que en los últimos 4 años todas mis relaciones las inicié yo (¡yo afané!). Y en verdad, ya me cansé.

En fin, quiero creer que los viejos ritos no han sufrido los embistes del tiempo, que las ilusiones no han muerto con los años, que lo postmoderno no quita lo romántico, que el “afane” no ha muerto. Dicen que los deseos se hacen realidad si los pide uno con católica fe abre-mares, con cohelística conspiración universal del deseo, así que lanzaré un conjuro, que es a la vez un deseo: Antes del 31 de Diciembre, sabré que el viejo rito del afane no ha muerto.

- en su debido momento, ya les contaré cómo me fue con eso, viejos románticos no perdamos la fe-




martes, 2 de septiembre de 2008

Viejos Prejuicios

un abuelo, una adolescente rebelde y un afroamericano a la vista

Cuando el anciano Mc Cain nombró el viernes último a la gobernadora de Alaska Sarah Palin como su vicepresidenta, de seguro creyó que era un golazo. No era para menos: joven y carismática super mother, coronaba con una amplia y reluciente sonrisa aquello que sin duda podemos calificar de perfecto jale político. Una especie de Mercedes Aráoz de la vicepresidencia estadounidense. Mc Cain no sólo pretendía sorprender a los norteamericanos contrariando las tradicionales políticas de género de su partido, sino que esperaba asegurarse con el nombramiento esos puntillos electorales que su coincidencia partidaria con Bush y hasta su propia vejez le restaban. Pero un par de días después, ayer, cuando se supo que la soltera y adolescente hija de Palin además de tener encima 17 añitos, tiene encima 5 meses de embarazo, se le debió haber caído al mundo al viejito. Le salió el tiro por la culata, y ahora van a tener que explicar muchas cosas a los gringuetes, porque el chisme no solo va a ser la comidilla de la semana sino que por puro efecto cascada obliga a los candidatos republicanos y sobre todo a la protagonista a pronunciarse sobre temas de educación en abstinencia, rol del las madres trabajadoras, cuidado de los niños, y cuidado en salud. Ojalá la ex reina de belleza pueda definir un discurso coherente. Lo curioso está en cuánto una chibola sonsa puede afectar una campaña presidencial, aunque sea para dar el empujoncito al desfiladero final. Pero así es la política en toda latitud, basta recordar el episodio familiar que definió quizá para siempre la defunción presidencial de una de nuestras políticas (Lulú Flores). Muy por sobre lo que a nosotros pueda parecernos (que de hecho, para mí muchas cosas son más relativas que tajantes, no me ando con mojigaterías y reconozco la licitud del yerro humano), me pregunto quién dominará, y esto ya depende de lo que a los hijos de la tierra del Tío Sam les parezca, lo cual será un termómetro social de dicha hegemonía ¿ vencerá el racismo o la puritanería?. Me reservo opinión sólo para no tener que decir, te lo dije, cuando todo se defina en noviembre, y así ya veremos si es que antes del decimoprimer mes el candidato republicano de 72 años se demuestra vencedor no sólo de riesgos cardíacos latentes, sino de las presidenciales gringas, o por el contrario, sale victorioso el descendiente del Tío Tom. Lamentablemente hay cosas que no cambian, y por más superados liberales y modernos que se proclamen, los gringos la tienen difícil pues tendrán que luchar, una vez más, con sus viejos prejuicios.






domingo, 31 de agosto de 2008


La tía de Lima

Cuando tú siempre viviste en Trujillo, y de pronto viajas a Lima para estudiar o cualquier otra cosa, siempre te quedas en la casa de la infaltable tía. Esta tía puede ser desde la hermana de tus papás, hasta la prima lejana de tu abuelo o sencillamente una vieja y fiel amiga de la familia. Hasta ahí todo va bien, es una nueva tía a quien querer, de quien nunca escuchaste, pero con quien tendrás que compartir todo el tiempo que dure tu estadía en dicha nueva ciudad.
He conocido casos múltiples de tías lejanas, está la tía buena gente, esa que te dice anda hijita, diviértete nomás, y te da la llave, no te pone hora de llegada ni límite de juerga, te deja levantarte tarde, siempre te tiene lista la comida y hasta te lava la ropa. Está esa otra tía, que si bien menos atenta, no por ello menos permisible. Es aquélla tía que no te lava la ropa, pero te pone el detergente, que no te prepara comida, porque a nadie le prepara la comida, pero te dice que el arroz está en la despensa y en la refri los huevos, es aquélla que no te da llave, pero te deja salir hasta la hora que quieras siempre y cuando no la despiertes; ergo, llega a las 6 con el pan. Y está esa otra tía, que reniega, que es recelosa con su comida, su detergente y su llave – que jamás podrás portar-, y que por supuesto no te deja salir hasta más de las 10. Es la clase de tía por la cual llamas a tu mamá para quejarte. Y tu mamá sabía que era estricta pero no tanto.
En algún momento consideras mudarte al depa de tu amiga Cami, o de Patty, pero luego reconsideras porque son gente joven y bulliciosa, y no es un ambiente de tranquilidad y paz para estudiar.
¿Quién se sintió identificado con las tías descritas?. Yo, he de confesar una vez más, que mi caso es el de la tía estricta, esa de tipo dictador, de costumbres directamente adquiridas de las directivas de comportamiento del gobierno chino. Es una de esas tías cuyas casas asemejan una cárcel de máxima seguridad al mejor estilo californiano techito de dos aguas. Una de esas tías con quien entablas una relación donde tu libertad sólo podrá ser ejercida una vez que no vivas en esa casa, y que cualquier intento de sofocar las reglas impuestas, linda con el inevitable desamparo habitacional.
Pero si alguien se pregunta qué demonios hago yo sometiéndome a la voluntad de mi tía, voluntad carcelaria, arbitraria e irracional, he de responder que me lo he tomado como una prueba y a la vez un reto, aguantar a mi tía afianzando mi paciencia – tan poco cultivada- y poniendo en práctica mi tolerancia –siempre tan utilitaria-, para no hacer roche y vivir por lo menos un par de meses con ella; pero sabemos que como todo, la paciencia y la tolerancia se acaban, así que hasta que llegue ese momento, disfruto de mi tía de lima, y digo disfruto, porque sólo con buen humor se pueden hacer llevaderos los días, en una celda prestada, en casa de la tía de Lima. Si este es su caso, aconsejo hacer lo mismo!.





miércoles, 20 de agosto de 2008

del sueño a la pesadilla


Ayer tuve un sueño absolutamente anacrónico. Estaba de regreso al colegio; pero no solo yo, con mis 23 años encima y mis 7 de haber dejado las verdes extensiones de mi querido San José Obrero, si no todos – o la mayoría – de mis antiguos compañeros marianistas, y por ahí alguna carita nueva que conocí en la universidad.


Desconozco los extraños mecanismos del subconsciente que nos lleva a recordar a tal o cual persona, pero en mi sueño encontré a mi antigua amiga Dorita – 11 años con el mismo peinado cola de caballo y flequillo en el cole, nos había inquietado a muchos en las reuniones de ex alumnos sobre su look actual-, pero Dorita nunca llegaba a esas reuniones. Y yo siempre la extrañaba.

En fin, será ese añorar su presencia y las conversaciones sobre los capítulos de Dawson’s Creek en los recreos del cole junto a las Granadas, que la traje a mis sueños. Ahí estaba Dorita, era una de las pocas veces que la veía en ropa de calle, y la tercera vez que su pálido rostro, destacaba el uso de ese siempre temido por ella, maquillaje ( la primera y la segunda fueron en las fiestas de pre y de pro, a las que estoy segura, para aplicarle el rímel tuvieron que atarla a una camilla).
Ambas al unísono aullamos por la otra, pero ya estábamos asignadas a diferentes mesitas – ya no estaban las típicas carpetas unipersonales tortura culos, si no que las reemplazaban integradoras mesitas redondas de a 5 alumnos cada una-.De a cinco, y en la mía no estaba Dorita (y tampoco estaba ese chico de la Facu de Derecho, pero ese es rollo posterior).

A un chico de cole no le importa gritarse, expresar emociones altisonantes ni hacer desorden ni barullo en un “centro de saber que se llama San José”[1], así que con esa licencia del ser adolescente otra vez, empezamos a contarnos nuestras vidas…más bien empecé yo: “Doriiitaaaa, cuentame qué es de tii, mujer, qué gusssstooo veeerteeee”. Y Dorita sonreía, y hacía muecas mudas y ademanes de no poder hablar. “Pero mujer, cuéntame algoooo”, insistí yo a la distancia. Por fin Dorita regresó de su estatus de abogada litigante y me contó eso y que ya se había colegiado -en lima-, que había estado trabajando para una empresa (algún nombre con Sol S.A), y que por algún motivo había tenido que renunciar. No sé cómo –evidenmentente estamos ante un sueño o una obra de Chris Angel- a esa altura de la conversación ya estaba frente a ella, en la misma mesita. Y le conté de mi, pero el ruido de estos adolescentes con barba y asomos de panz’e viejo, y chicas que en uniforme se veían tan ridículas como la señora del reclame de telefónica “ahora podrás hablar como quinceañera” (y que en realidad lo estaban haciendo) era tal, que preferimos continuar el intercambio en el pasadizo principal, – oh, pasadizo siempre brillante, siempre resbaladizo-, así salimos dando brincos primariosos.

Y entonces blammmmm!, caí, y tenía encima una falta de colegio, y entonces: buuufff!, ahí estaba él (mi héroe varonil universitario, extemporáneamente vestido de colegial e insignia sanjosefina), aterrado ante la escena seudo porno que se había armado entre el pasadizo y mi hilo dental.


Antes de perder el conocimiento por el dolor y la vergüenza, se me descolgaron dos metros de lengua y un litro de baba, y el dolor de coxis pudo aguardar sólo para verlo un ratito más: mi chico en un fondo de rosales, iluminado por aquél pasadizo reluciente y malditamente resbaloso, dirigiendo su mirada más penetrante hacia mí, caída dama a punto del desmayo.

No recuerdo más sobre mi sueño, ni quiero recordarlo. La última imagen fueron sus ojos fijos en mis pantallas tembleques a punto de cerrarse y despertar ya no es un pasadizo exponiendo un hilo dental, sino en una cálida camita donde tal show no tenía más rating que mi risa unipersonal acompañada de reminiscencias ruborescas.

Es curioso como un lindo sueño sobre un encuentro puede terminar en pesadilla. Aunque, a decir verdad, volver a ver a aquéllos viejos personajes de mi vida, ha superado sobradamente el ficticio rubor de mis 4 cachetes.




[1] Extracto del ñoño himno de mi colegio.