sábado, 6 de septiembre de 2008

Atracción amical


o de cuando tu amigo te provoca cual heladito de Laritza...
¿y a quién no le ha pasado que le guste su mejor amigo?. Yo confieso que a mí sí; me regustó mi mejor amigo Martín. Les contaré. Cuando conocí a Martín, él me subestimó horripilantemente, recuerdo que –no sé con qué motivo o qué- yo hablaba floridamente sobre música clásica, y al otro no se le ocurrió peor idea que preguntarme por Mendelsson y Schoenberg (oh! iluso, quería dejarme en la calle y en vergüenza frente al grupo, pero fue todo lo contrario), y desde la fecha, somos amigos.
De alguna manera, al derretir en el acto sus ánimos de sabelotodo pretencioso, no sólo logré que se convirtiera en un dócil gatito, sino que además, un gatito recontra impresionado. He aquí una buena forma de hacerte amigo de alguien, y además, de ser admirado. Con el tiempo, yo me supe todo el rollo con su novia de toda la vida (un drama de cortar y volver cada semana), sus problemas, sus virtudes, sus más íntimas y aborrecibles patologías conductuales, y él se enteró de mis encuentros furtivos con Morfeos de carne y hueso, de mis sueños, de mis escritos im-pu.bli-ca-bles (inacrocchable, diría Gertrude Stein), y todo lo que un popularmente calificado “mejor amigo”, puede saber de una. Tras corto tiempo éramos absolutamente inseparables, pero jamás lo vi ni por asomo como objeto de mis quinceañeros suspiros o el protagonista de mis “fairy tale dreams”. Y como decía… ¿a quién no puede pasarle que de pronto un día…fuuuashh te provoque tu mejor amigo?.
El punto de quiebre fue en la piscina. Imagen: día de verano en la casa de Jess, piscina y parrillita a cargo de Pachi. Yo yacía regiamente apostada en un sillón para tomar el sol, con sombrero de mimbre y cuzqueña al polo, cuando de pronto Martín –de inimaginables proporciones anatómicas- se despoja de las vestiduras cotidianas para lucir repito, inimaginables proporciones anatómicas, en la piscina. Osea, no es que yo no haya sabido que Martín era loquito Gym, y tampoco me había pasado desapercibido que era simpaticón el muchacho, pero jamás pensé que "Tín" (como le decía yo), haría caer mi mandíbula de tan descarada manera.
Ya decía sabiamente Benedetti[1]"…estás solo, estoy sola, por algo somos prójimos (y amigos!), la soledad también puede ser una llama". Era verdad, en ese momento Tín y yo éramos libres y sin compromiso, pero en principio –y final- solo amigos. Y mientras Tín me contaba de su gusto por tal o cual chica, yo, cual mejor amiga, procedía a entablar amistad con las convocadas para luego hacer el respectivo y nunca demodé pase (que pava!).
De pronto, me encontré comiéndome la bola de lodo sola; mientras más me atraía Tín, más le hacía el pase con otra, y mientras más sentimientos encontrados tenía, más debía reprimirlos para no quedar mal con él.
¿Qué hacer?. En este punto de la historia todo podía terminar sencillamente jodido o exitosamente concretado. En efecto, una amiga enamorada de su amigo, puede optar por jamás perder la amistad y pasar por el escusado los más profundos deseos no manifiestos, o hacerlos manifiestos y librar ardorosas -y placenteras- batallas, o quedar choteada, no recibir batalla alguna, y encima perder la amistad (por lógica reacción de alejamiento del mejor amigo).
Todo este enredo es too much para mi, en realidad soy una muchacha más bien sencilla y sincera, demasiado honesta para mantener en la garganta un trampantojo de hormonas electrizadas y no contárselo a su mejor amigo.
Un buen día, después de sostener tal situación de húmedas intenciones tras un cariño real de amistad decidí decírselo todo, y debo confesar que fue un alivio tremendo.
No solamente escupí el nulo que tenía en la garganta, sino que otros nudos e impaciencias fueron igualmente desatados, atados, recompuestos, aplastados y finalmente agotados. Cuando una tiene 23 años y mi forma de pensar (que mi madre llamaría “muy moderna”), no hay mejor terapia para la impaciencia que la de amar, tras lo cual si tu mejor amigo también tiene 23 y tu forma de pensar, la amistad se reanudará y todo volverá a la normalidad. Y así, colorín colorado, felizmente la atracción amical se ha terminado.

[1] Mayores referencias googlear “Canje” de Bendetti.



3 comentarios:

CÉSAR CASTILLO GARCÍA dijo...

me baño en miel de abeja todos los días para que me mires
pero no me miras
ya casi no existe frontera entre mi piel y la miel de las abejas
bajo la sombra de un árbol espero
que las cuartocientas abejas se devoren mi sueño

CÉSAR CASTILLO GARCÍA dijo...

slurp!

MaLena Ezcurra dijo...

Maravillosa "atracción amical".
Es verdad hay algo, un aromita, un qué sé yo, que nos acerca a cierta gente.

Un gran abrazo querida compañera.


MaLena.