
Ayer tuve un sueño absolutamente anacrónico. Estaba de regreso al colegio; pero no solo yo, con mis 23 años encima y mis 7 de haber dejado las verdes extensiones de mi querido San José Obrero, si no todos – o la mayoría – de mis antiguos compañeros marianistas, y por ahí alguna carita nueva que conocí en la universidad.
Desconozco los extraños mecanismos del subconsciente que nos lleva a recordar a tal o cual persona, pero en mi sueño encontré a mi antigua amiga Dorita – 11 años con el mismo peinado cola de caballo y flequillo en el cole, nos había inquietado a muchos en las reuniones de ex alumnos sobre su look actual-, pero Dorita nunca llegaba a esas reuniones. Y yo siempre la extrañaba.
En fin, será ese añorar su presencia y las conversaciones sobre los capítulos de Dawson’s Creek en los recreos del cole junto a las Granadas, que la traje a mis sueños. Ahí estaba Dorita, era una de las pocas veces que la veía en ropa de calle, y la tercera vez que su pálido rostro, destacaba el uso de ese siempre temido por ella, maquillaje ( la primera y la segunda fueron en las fiestas de pre y de pro, a las que estoy segura, para aplicarle el rímel tuvieron que atarla a una camilla).
Ambas al unísono aullamos por la otra, pero ya estábamos asignadas a diferentes mesitas – ya no estaban las típicas carpetas unipersonales tortura culos, si no que las reemplazaban integradoras mesitas redondas de a 5 alumnos cada una-.De a cinco, y en la mía no estaba Dorita (y tampoco estaba ese chico de la Facu de Derecho, pero ese es rollo posterior).
Ambas al unísono aullamos por la otra, pero ya estábamos asignadas a diferentes mesitas – ya no estaban las típicas carpetas unipersonales tortura culos, si no que las reemplazaban integradoras mesitas redondas de a 5 alumnos cada una-.De a cinco, y en la mía no estaba Dorita (y tampoco estaba ese chico de la Facu de Derecho, pero ese es rollo posterior).
A un chico de cole no le importa gritarse, expresar emociones altisonantes ni hacer desorden ni barullo en un “centro de saber que se llama San José”[1], así que con esa licencia del ser adolescente otra vez, empezamos a contarnos nuestras vidas…más bien empecé yo: “Doriiitaaaa, cuentame qué es de tii, mujer, qué gusssstooo veeerteeee”. Y Dorita sonreía, y hacía muecas mudas y ademanes de no poder hablar. “Pero mujer, cuéntame algoooo”, insistí yo a la distancia. Por fin Dorita regresó de su estatus de abogada litigante y me contó eso y que ya se había colegiado -en lima-, que había estado trabajando para una empresa (algún nombre con Sol S.A), y que por algún motivo había tenido que renunciar. No sé cómo –evidenmentente estamos ante un sueño o una obra de Chris Angel- a esa altura de la conversación ya estaba frente a ella, en la misma mesita. Y le conté de mi, pero el ruido de estos adolescentes con barba y asomos de panz’e viejo, y chicas que en uniforme se veían tan ridículas como la señora del reclame de telefónica “ahora podrás hablar como quinceañera” (y que en realidad lo estaban haciendo) era tal, que preferimos continuar el intercambio en el pasadizo principal, – oh, pasadizo siempre brillante, siempre resbaladizo-, así salimos dando brincos primariosos.
Y entonces blammmmm!, caí, y tenía encima una falta de colegio, y entonces: buuufff!, ahí estaba él (mi héroe varonil universitario, extemporáneamente vestido de colegial e insignia sanjosefina), aterrado ante la escena seudo porno que se había armado entre el pasadizo y mi hilo dental.
Antes de perder el conocimiento por el dolor y la vergüenza, se me descolgaron dos metros de lengua y un litro de baba, y el dolor de coxis pudo aguardar sólo para verlo un ratito más: mi chico en un fondo de rosales, iluminado por aquél pasadizo reluciente y malditamente resbaloso, dirigiendo su mirada más penetrante hacia mí, caída dama a punto del desmayo.
No recuerdo más sobre mi sueño, ni quiero recordarlo. La última imagen fueron sus ojos fijos en mis pantallas tembleques a punto de cerrarse y despertar ya no es un pasadizo exponiendo un hilo dental, sino en una cálida camita donde tal show no tenía más rating que mi risa unipersonal acompañada de reminiscencias ruborescas.
Es curioso como un lindo sueño sobre un encuentro puede terminar en pesadilla. Aunque, a decir verdad, volver a ver a aquéllos viejos personajes de mi vida, ha superado sobradamente el ficticio rubor de mis 4 cachetes.
Es curioso como un lindo sueño sobre un encuentro puede terminar en pesadilla. Aunque, a decir verdad, volver a ver a aquéllos viejos personajes de mi vida, ha superado sobradamente el ficticio rubor de mis 4 cachetes.
[1] Extracto del ñoño himno de mi colegio.
sueño
colegio
adolescencia
amor
1 comentario:
A Natalia Navarro
El epicentro, la fuerza centrífuga
Y surgen todos los colores
Cobrando forma mi fiel amiga
Va esparciendo todos los sabores
Se funden y yo digo que canten
Que elogien sin pavor
Que a su alrededor bailen
Que no escatimen en fervor
Porque lo merece y es nuestro deber
¿Acaso los hombres antiguos dudaban?
Sin preguntar y con premura daban de beber
La masa agasajaba y todos alababan
Que empiecen los festejos en su nombre
Pues ha surgido el esperado sendero
Y que asista hasta el último hombre
Y que se sacrifique hasta el último cordero
Me declaro su defensor
Su incondicional guerrero
A cualquier usurpador
Con arrojo lo haré prisionero
Y pobre de aquel insolente
Que dude de su belleza
Porque seré indolente
De rodillas caerá ante su nobleza
Y si un ejército de invasores
Socavar su sabiduría apetecen
Daré mi vida sin temores
No tendré clemencia así lloren y recen
Seré también su embajador
Expandiré su ingente cultura
Pues profesa con amor
Su talento y su respeto a la escritura
Jamás osaré cobrarle mis servicios
Pues su recorrido de luz intensa
Llena de fulgor los recónditos espacios
Y esa es la justa recompensa
W.S.M.
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