ritos de amor urbano
Una llega a tener 23 años y recordar cuando a los 15 los ritos afanadores eran distintos: los chicos buscaban llegar a una a través de la amiga y luego sacaban el fono y empezaban a afanar.
Viejos tiempos aquéllos en que el “afane” era la forma de entablar un acercamiento amoroso.
Cuando tenía 15, era común ir a la fiesta lo más linda posible, con el jean más camote y el top ponedor; un chico me
chequeaba, buscaba al amigo de mi amiga, y por ahí venía el “pase”: Luis, te presento a mi amiga Natalia, Natalia, él es Luis. Y Luis empeñaba sus más diestros discursos para entablar la más entrete conversa de la noche; ningún silencio, pues son incómodos al empezar el afane. La conversa sólo se interrumpía por bailar “Alarma” o alguna zarandeada de Juan Luis Guerra. Aquél afane propio me invitaba un traguito, encendía mi cigarrito, y lógicamente me acompañaba a la casa paterna, donde -jamás intentaba un beso-, y el último paso era preguntar si me podía llamar por fono. Luis estaba bien y había sido un caballero: le daba el fono y entraba a la casa con chispitas alegres en los ojos.
Al día siguiente, o muy pronto recibía la esperaba llamada, y así sucesivamente todos los días de la semana y la siguiente, y la siguiente, y luego las salidas: un cafecito, un heladito. Las visitas a la casa, o simplemente a almorzar. Y ya estaba, tras unos meses, los oh! nuevos tórtolos estrenábamos besos y apapachos entre feliz estabilidad. Así era antes.
Hoy ya nadie recuerda lo que es “afanar”. Hoy es un gileo light, y consecuentemente un light clic o choque y fuga, como quiera llamársele.
Hoy basta mirar y desear para tener y luego desechar. Hoy, un grupo de suculentas féminas arriban a una fiesta en busca de igualmente suculentos varones; ambos al acecho de la presa que mejor satisfaga las necesidades y expectativas. Es todo más sencillo, ya no existe esa vetusta institución amorosa del “pase”, ni la complicación de la conversación entretenida. Caduca y sin vigencia han quedado las normas del “afane”. Hoy, se ha popularizado el “clic”. Y todo es más negocial: el producto se expone en la vitrina de una pista de baila, una barra en la disco; uno escoge, uno se acerca, uno invita, lanza el dardo que cazará a la presa y si ella acepta ya está: Hola, bailas?. Y mientras bailas, él dice: eres una chica muy linda. Y ella: Lo sé , tu tb estás bien. Y así empieza todo, y horas más tarde termina todo, hasta un próximo entierro, diría el chico.
Tal vez se trate de esas frías costumbres foráneas importadas con tantos otros productos de arancel cero, tal vez sea que la gente a los 23 ya no es tan inocente y tan ilusa como la gente de 15, tal vez, sencillamente yo tengo pésima suerte, y los últimos 4 años de mi vida han sido una racha de mala suerte.
No sé si seré la única, pero debo confesar, que a mi hace rato que nadie me afana. Y, llámenme anticuada, pero lo extraño. Extraño al chico que me llame siempre, que me escriba a mi correo, extraño las cartas y los esfuerzos. Extraño el gileo de antes, el verdadero afane, el afane quinceañero que he perdido. A veces pienso que tengo un karma aleja afanes, una especie de vape aullenta chicos. Tanto así, que en los últimos 4 años todas mis relaciones las inicié yo (¡yo afané!). Y en verdad, ya me cansé.
En fin, quiero creer que los viejos ritos no han sufrido los embistes del tiempo, que las ilusiones no han muerto con los años, que lo postmoderno no quita lo romántico, que el “afane” no ha muerto. Dicen que los deseos se hacen realidad si los pide uno con católica fe abre-mares, con cohelística conspiración universal del deseo, así que lanzaré un conjuro, que es a la vez un deseo: Antes del 31 de Diciembre, sabré que el viejo rito del afane no ha muerto.
- en su debido momento, ya les contaré cómo me fue con eso, viejos románticos no perdamos la fe-
Una llega a tener 23 años y recordar cuando a los 15 los ritos afanadores eran distintos: los chicos buscaban llegar a una a través de la amiga y luego sacaban el fono y empezaban a afanar.
Viejos tiempos aquéllos en que el “afane” era la forma de entablar un acercamiento amoroso.
Cuando tenía 15, era común ir a la fiesta lo más linda posible, con el jean más camote y el top ponedor; un chico me
chequeaba, buscaba al amigo de mi amiga, y por ahí venía el “pase”: Luis, te presento a mi amiga Natalia, Natalia, él es Luis. Y Luis empeñaba sus más diestros discursos para entablar la más entrete conversa de la noche; ningún silencio, pues son incómodos al empezar el afane. La conversa sólo se interrumpía por bailar “Alarma” o alguna zarandeada de Juan Luis Guerra. Aquél afane propio me invitaba un traguito, encendía mi cigarrito, y lógicamente me acompañaba a la casa paterna, donde -jamás intentaba un beso-, y el último paso era preguntar si me podía llamar por fono. Luis estaba bien y había sido un caballero: le daba el fono y entraba a la casa con chispitas alegres en los ojos.Al día siguiente, o muy pronto recibía la esperaba llamada, y así sucesivamente todos los días de la semana y la siguiente, y la siguiente, y luego las salidas: un cafecito, un heladito. Las visitas a la casa, o simplemente a almorzar. Y ya estaba, tras unos meses, los oh! nuevos tórtolos estrenábamos besos y apapachos entre feliz estabilidad. Así era antes.
Hoy ya nadie recuerda lo que es “afanar”. Hoy es un gileo light, y consecuentemente un light clic o choque y fuga, como quiera llamársele.
Hoy basta mirar y desear para tener y luego desechar. Hoy, un grupo de suculentas féminas arriban a una fiesta en busca de igualmente suculentos varones; ambos al acecho de la presa que mejor satisfaga las necesidades y expectativas. Es todo más sencillo, ya no existe esa vetusta institución amorosa del “pase”, ni la complicación de la conversación entretenida. Caduca y sin vigencia han quedado las normas del “afane”. Hoy, se ha popularizado el “clic”. Y todo es más negocial: el producto se expone en la vitrina de una pista de baila, una barra en la disco; uno escoge, uno se acerca, uno invita, lanza el dardo que cazará a la presa y si ella acepta ya está: Hola, bailas?. Y mientras bailas, él dice: eres una chica muy linda. Y ella: Lo sé , tu tb estás bien. Y así empieza todo, y horas más tarde termina todo, hasta un próximo entierro, diría el chico.
Tal vez se trate de esas frías costumbres foráneas importadas con tantos otros productos de arancel cero, tal vez sea que la gente a los 23 ya no es tan inocente y tan ilusa como la gente de 15, tal vez, sencillamente yo tengo pésima suerte, y los últimos 4 años de mi vida han sido una racha de mala suerte.
No sé si seré la única, pero debo confesar, que a mi hace rato que nadie me afana. Y, llámenme anticuada, pero lo extraño. Extraño al chico que me llame siempre, que me escriba a mi correo, extraño las cartas y los esfuerzos. Extraño el gileo de antes, el verdadero afane, el afane quinceañero que he perdido. A veces pienso que tengo un karma aleja afanes, una especie de vape aullenta chicos. Tanto así, que en los últimos 4 años todas mis relaciones las inicié yo (¡yo afané!). Y en verdad, ya me cansé.
En fin, quiero creer que los viejos ritos no han sufrido los embistes del tiempo, que las ilusiones no han muerto con los años, que lo postmoderno no quita lo romántico, que el “afane” no ha muerto. Dicen que los deseos se hacen realidad si los pide uno con católica fe abre-mares, con cohelística conspiración universal del deseo, así que lanzaré un conjuro, que es a la vez un deseo: Antes del 31 de Diciembre, sabré que el viejo rito del afane no ha muerto.
- en su debido momento, ya les contaré cómo me fue con eso, viejos románticos no perdamos la fe-
3 comentarios:
" Y el que no afana es un gil", aparte de cambalache no conocia esa expresión,obviamente no hago la cita solo por eso :), tienes razon, pero eso si, la regla es que el llamado telefonico nunca es al dia siguiente, espero que el trasfondo de esta reflexion no sea "cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado
fue mejor", porque siempre lo mejor esta por venir, que cliche jajaja,hartos saludos.
qué anticuada... los tiempos cambiaan... ná, ponde en onda, actualízatee
XD
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