martes, 19 de julio de 2011

shh! nada es perfecto, shh! paciencia y tiempo...



¿porqué no me siento satisfecha con lo que tengo? reclamó María . Tengo un novio, una buena chamba y pasatiempos que me encantan. Se puede decir que hago lo que me apasiona, siento la música en cada paso de danza, ser parte del escenario político de un país como Moldavia, por pequeño que fuera, es excitante también. Convivo con mi novio, veo pelis, comparatimos las cosas que nos gustan a ambos, y las que no, pues cada quien se toma su espacio. Sigo leyendo como siempre y él toca el piano mientras leo. Me encanta escucharlo. He podido notar que la gente nos envidia y yo misma reconozco que somos hermosos juntos. Me siento bien junto a él. Antes de conocerlo no había encontrado un hombre que me hiciera sentir protegida y estable. Es guapo y yo hago el esfuerzo por seguir viéndome bella. Vamos, que los años pasan, pero han sido piadosos conmigo. Seguimos estudiando los dos y somos reconocidos en lo que hacemos. Mi vida ya no es tan solitaria como antes de conocerlo ni tengo esos súbitos bajones de ánimo que me sumían en prolongadas depresiones. Ahora más bien, puede decirse que hasta soy feliz. Sin embargo siento que algo falta. Siempre he sentido que faltaba algo y contrariamente a lo que pensé esa sensación no se ha ido sino que con los años ha crecido y eso me resulta inquietante. He conocido gente que, es raro decirlo, pero sé que ha encontrado ese algo. Ha encontrado ese algo y no me lo han dicho y tampoco creo que puedan explicarlo, ni sé si están muy conscientes de tenerlo, pero lo tienen y se nota, yo lo noto. En la risa, en la forma cómo miran a sus parejas.
Yo lo tengo todo en apariencia, pero aún me falta ese algo. Temo que los años se amontonen en ese vacío y lo acentúen. Cada vez pienso más en eso. ¿será que debo ayudar con obras altruistas?, ¿será una religión lo que me hace falta?, ¿un dios?, ¿será un hijo?, ¿será un hombre?. Mi familia no deja de insistir en que me case y que tenga hijos, pero yo no veo la necesidad. Sé que Fernando sí lo quiere, él muere por un hijo pero eso nunca estuvo en mis planes. Todos me dijeron que con los años mi instinto maternal despertaría, pero ya pasé los 30 y sé más que nunca, que la maternidad no es para mí. Nunca me hizo falta un Dios cierto, uno pintado ad hoc por alguno que hizo su secta o comunidad religiosa. Yo tengo mi propia filosofía religiosa y estoy en paz con eso. Soy más espiritual q otra cosa. Y soy altruista, en la medida de mis posibilidades, que es como el altruismo funciona, y por eso realmente no funciona. Pienso en Fernando. Le debo mucho, pero no es suficiente deberle mucho. Le tengo un profundo cariño basado en el respeto, en el compartir, en la dedicación. Pero, no siento que me entienda, que esté hecho de lo que yo.
Veo atrás, mi vida en retrospectiva, y repaso todas esas oportunidades que desperdicié por temor. Todas las veces que corté antes de que me corten, o las que abandoné al menor error. Todas las veces que me “curé en salud”. Pienso en los chicos con quienes salí y no vi más que por las noches. Algunos de ellos quisieron verme más, conocerme de verdad, pero no lo quise por temor. Realmente nunca creí nada de lo que decían. Con Fernando no hubo riesgos ni necesidad de protegerme. Él llegó a mí seguro de que me quería a su lado y me entregó el corazón hinchado y latiendo para que hiciera con él lo que quisiera. Me sentí segura desde el principio y fui incapaz de hacerle daño. Ha sido todo bello y a pesar de eso hay un hueco en mi pecho.

Siempre odié el conformismo, pero supongo que la vida es así, al menos es lo que mi madre dice. Ella ya se divorció porque mi viejo se portó pésimo con ella. No comprende cómo yo puedo sentirme insatisfecha, me dice que por último nada es perfecto, que no haga una tormenta en un vaso de agua. Que estar como estoy es mejor que no tener nada. Que calle, que tenga paciencia, y que el tiempo me demostrará que soy feliz. Callo mami, callo, dice María, y trato de pensar que tienes razón mamá, pero eso no me quita cada mañana la idea que el cielo tiene más matices que el gris.

5 comentarios:

athos dijo...

Hermoso, "me entrego el corazón hinchado y latiendo" como en una pelicula de Zubiela :), hay que renegar de cualquier clase de resignación, saludos.

Novia Urbana dijo...

Hola Athos!, gracias por comentar. Es hermoso cuando las personas se despojan de temores y se entregan sin restricciones. Se vive intensamente.Pero suele ocurrir que no todos aman con la misma intensidad. Cariños, y sigue escribiendo ;)

gato dijo...

me re gustó cómo plasmas las ideas

gato dijo...

Me re gustó como plasmas las ideas.

gato dijo...

me re gustó cómo plasmas las ideas