3 de febrero del 2014. tres de febrero del dos mil catorce. 3/2/14. No me juzgues por repetir la fecha de este modo.Es sólo que estoy sorprendida. Después de 3 años he leído lo de la última vez que estuve por aquí y estoy feliste y conmovida por mis propios sentimientos de hace tres años. Francamente estoy sorprendida de encontrar voces de La Novia Urbana que tal vez han ido desapareciendo con los años.
Es tres de febrero de dos mil catorce y soy La Novia Urbana. Me reporto a las 9:54 horas desde mi precioso apartamento en una pequeña callecita del centro de Milán, rodeada de arte, castillos e historia por doquier. Es mi sueño, debería serlo. Pero debo sentar ciertos hechos fácticos que me perturban:
1.- Tengo 28 años y no tengo un apartamento propio, aunque mi piso alquilado es el más hermoso que jamás he tenido.
2.- Escribo esto con la mitad de claridad mental que hace unos años y el corazón empequeñecido, atemorizado, y contracturado por un amor de esos amores que no son posibles y que se van sin que uno lo quiera.
3.- Estoy en Italia.Tengo el aroma de los botones de rosa y el color de las mañanas arreboladas, pero en mis ojos se empoza un charco de noche, de tiempo sobre tiempo, de sombra húmeda, de hoja que se lleva el viento. ¿Habré partido de mí ya para siempre?
Estoy llena de preguntas, más que una adolescente. Las facturas por pagar no me responden nada. Los italianos de ojos bellos no me responden nada. Los perfumes en el Metro no me responden nada. Las miradas de los extraños frente a frente, durante minutos, no me dicen nada. No hay un cielo dulce y azul en Milán, en febrero. No hay un Pacífico o aunque sea un Atlántico infinito que me salve de la lluvia. De la lluvia del cielo, de la lluvia de los ojos.
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