martes, 21 de junio de 2011

Las camas de una soltera

Toda cama es demasiado grande para los amantes, pensaba Cristina siempre que Julián la abrazaba y quedaban los dos tan pegaditos sobre su pequeña cama, que llegaba a sobrar harto espacio.
A él le encantaba jugar a la lapa. Posición de lapa, decía ella, y se pegaban uno al otro lo más que podían, y de inmediato a él le provocaba hacer el amor. Se reían con esa frase "hacer el amor". Ella prefería hacer el amor a tirar, chifar , tramitar , banquetear, comer y cualquier palabra relacionada a la digestión. Él lo sabía, pero sólo por fastidiar se lás decía todo el tiempo: ven, que te voy a comer le decía, y la atrapaba entre sus brazos. Ella con disfuerzo, y esfuerzo para zafarse y quejarse respondía, qué te pasa, acaso soy un trozo de carne?. Y èl, Sí, eres un lomazo. Pronto se dejaba llevar por los besos de Julián. Los besos largos y picosos de ese chico que la hacía rabiar y amar al mismo tiempo.
Sólo cuando peleaban la cama era chica, una cama de liliputiense, una cama en la que no entraban los dos. Cuando uno se pelea el cuerpo se expande, los codos del que abraza la almohada quedan a los lados, entonces los codos del otro, que también abraza la almohada, ya no entran en el colchón, y las piernas antes enlazadas como una trenza de cuatro hebras, quedan sueltas a su suerte. Las extremidades terminan saliendo por ambos extremos de la cama.
Por eso es horrible irse a la cama peleados. Ella odiaba ir peleada a la cama pero por otra razón: moría por abrazarlo, por buscar su perfil en la oscuridad y sentir su respiración cerquita. Eso la sorprendía. Siempre se había ahogado cuando alguien le respiraba cerca, o le había dado asco. En cambio buscaba la respiración de Julián, y la añoraba cuando no la tenía cerca. Y no dormía fácil, más bien dormía pésimo y se demorada en conciliar el sueño en su media plaza de la cama que compartían.
Ya por uso Cristina cambió su cama pequeña por una más grande. Las personas, como las cosas, también se van. Poco después de cambiar la cama, Julián se fue. Cristina quedó en la posesión de una en la que se hacía el amor más plácidamente y se dormía con más confort.
Ninguna cama es suficientemente grande para un soltero, pensaba Cristina cada vez que dormía con alguien, y tenía suficiente espacio para quedar en un lado de la cama sin sentir la respiración de nadie, ni el codo de nadie y así conciliar un sueño reparador, luego de tirar chifar o cualquiera de los sinóminos prohibidos. No hay contradicción, para ella hacer el amor era hacer el amor, y tener sexo podia ser cualquier otra cosa. En su nueva cama Cristina podía dormir tranquila y esperar el día siguiente para decir, tan pronto fuera posible, hasta nunca, pensar un poco en Julián y agradecer que la cama ahora fuese tan grande, y en aquél entonces, tan chiquita.

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