lunes, 31 de marzo de 2014

He sacado todo lo que me habitaba.
Los seres, las hadas los demonios, las flores y los peces, las burbujas.
Todo lo que me habitaba lo he sacado. Reluciente al sol y sombrío en la noche, como en una exhibición, lo he mostrado
Brillante bajo la luna, triste y feliz, todo ello que estaba en mi dentro, ha vivido, ha tenido una experiencia y dos, y mil , incansablemente vivido.
Enteramente, en un segundo infinito ha transcurrido y ha sido y ha querido ser y sido o no sido, todo ha salido de mi.
Infantil, adolescente, adulto. ¿Cómo puede ser así vivido?. Todo en un segundo que no deja de ser un sólo segundo que es todo el tiempo junto y que me deja siempre en el presente, sentada sobre el presente y sin pasado ni futuro, ayer hoy y siempre sólo presente lleno de ecos.
He soñado que era un rostro y un cuerpo y una historia justa y perfecta. He sido todo lo que he querido ser, sin ser tanto, sin ser poco. Más bien intrascendente en mi pequeño mundo. Y me pregunto cómo saber cuál es el final si no se conoce el principio, cuándo detenerse, cómo empezar. No se busca lo que no se sabe, no se encuentra lo que no se busca, y el tiempo pasa y las hadas corruptas y los demonios ni pizpiretos ni maliciosos, sólo un rótulo en sus frentes. Y yo, y alguien, alguno, tal vez, sentados siempre en el presente. Si pudiera llenar este minuto de pudin de vainilla y hacerlo inmortal, llenarlo de dulce materia...
Pero no dejo de decir tonterías, de cualquier manera todo lo dulce se hace rancio con el tiempo. El tiempo, como la intemperie, como el aire al contacto del buen vino, ha corroído todo lo que he sacado de mis entrañas.

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